Ataque agudo de Trinxant 45; 4º-1ª
Llevo tanto tiempo maldiciendo al frío de mi lado derecho, que ya está empezando a calarme el del lado izquierdo. Poco a poco estoy haciéndome a la idea de que un día de estos me harán sandwich.
La alarma no para de sonar. Los portazos y tacones ajenos no paran de azotar. La peristalsis no para de apretar. La luz no para de entrar... y me pregunto: ¿por dónde fregados? ¿Cómo consigue alumbrar primero al sitio de las fotografías? Entre perenne y franca obnubilación, flemas y lagañas, miro las antiguas sonrisas afortunadas de los recién bañados y arreglados. Pareciera que estando abrazados nada nos podría hacer infelices.
Maldito amanecer de salud envidiable. No me duele nada. Muevo las piernas, abro los ojos, promuevo los tránsitos y alivio al globo. Bebo agua. Soy joven... y me pregunto: ¿por qué cada mañana me arreglo para asistir a un nuevo sepelio?
Como dijo un día un escritor mexicano: "al final resultó que la vida era de verdad como las canciones juangabrielescas." Pero abundaron los ilusos y del otro lado había locos. Personas enfermas y gente insana.
Iván Noble: "Se derrama la mañana y yo diría que esta es la situación: pésima, pero desmejorando..."
La cabeza está quedándose muy chica como para que la compartan el feliz pasado y el incierto presente. Desgraciadamente, los viejos 'okupas' menguan más día con día, mientras que los 'nuevos-otros' son rabiosos y fuertes: un intenso coraje ardoroso parecido al que dejan las novias que un día se emborracharon para demostrar que sí podían ser malditas. Au, cómo duelen esos dolores. Au: esos que no respetan la juventud ni la salud.
El mediodía se antoja como para pelearme con la rabia. Se va resistiendo decentemente todo el resto de los días. A veces hasta he llegado a sentir el convencimiento de que estoy llegando a alguna orilla... pero es que ella es montonera y le gusta confabularse con mi lado negro.
Cada noche he estado acostándome maltrecho. Nada se cuela y todo se ralentiza. Tiempo perfecto para maldecir las heridas perniciosas que se esconden. Pero, cabronas, sus intentos son estériles: siempre me duelen y en las mañanas a mí nadie me engaña.
"Verdadero padre, verdadero hijo."
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