Ninguno estamos como para querer (o Lo entiendo perfectamente)
A pesar de que he hecho mi enésima reflexión acerca de lo que ha pasado, continúa pasando.
A pesar de que encomendé todo a mis culpas y estas me han trascendido, sigues teniendo tu fracción propia y sólo propia.
Así como el tiempo no está como para perdonarnos, nosotros no estamos como para querernos.
Y la naturaleza tampoco está por la labor. Todos los años conteniendo instintos -en nombre de lo correcto en boga- dio lugar a lo que hoy se piensa antinatural. Así es: antinatural. Transcurrió la historia en grotesco experimento cuya conclusión es volver al inicio y aceptar que lo intentado fue un fracaso. Y a vivir, que la vida es corta y única para cada quien.
¿Por qué comprar un capricho que cuesta un millón si se puede comprar dos caprichos idénticos por dos millones? ¿Y tres?
Sigue siendo difícil y doloroso darte cuenta que nadie que se va, se aleje en pos de un soliloquio. En realidad, una canica -tunante y nueva- ha hecho carambola y te manda a orbitar en otra marmórea galaxia. Pasas ya a la historia mal lograda: ajena para la contraparte; ¿por cuánto tiempo eterna para ti?
Y te reconfortaría no pensar. Pero no serías tú. Y uno no es Dios, como para transubstanciar.
¿Por qué se sigue buscando hasta encontrar y conservar lo que hace daño? ¿Por qué no se es capaz de explicar, que de verdad no es necesario encontrar un mondadientes que desatasque una boca? ¿O acaso va a resultar verdad que se necesita un dispositivo de presión negativa? ¿Huir... quizá?
"Verdadero padre, verdadero hijo."
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