sábado, junio 21, 2008

Dolor en la entrepierna

Pasaron únicamente tres meses y poco para que por fin ocurriera.
Más o menos el mismo tiempo que pasó para que ocurriese con tu previo.
Igual y es coincidencia. Igual y es un plazo estipulado.
Igual y sólo venías a ver quién te sacaba de tu casa para siempre.

Te daba lo mismo cómo. Te daba lo mismo quién.

Como dijiste en tu diario: éste es tu momento.

Sólo para ti. Sólo para tu placer: no por cualquier pendejo, pero sí con cualquier pendejo.
Si es guapo, perfecto; si no, aprenderás a amarlo... y si no, mínimo a utilizarlo. (Tú no pides; solo eres una víctima de los espiritus navideños que te acechan y acechan sin parar.)

Te sigue doliendo y sigues temiendo (según tus nervios).

Pero qué más da: lo tuyo es intentar lo que no te gusta... pero sin esforzarte.
Claro, mientras no cueste trabajo.
Una y otra vez. Y si te quiere, se esforzará él. Y si no, también (porque tú, no).
De todas formas tú estás bien. Tú sigues aquí. Viendo qué sale.
Es lo importante: debe entendérsete...

Estás en tu momento.

Total, lo llevarás así con quien se deje. Hasta que indiques lo contrario.
Una y otra vez, hasta que te canses y/o cambies de giro.
O hasta que dejes de notar dolor en la entrepierna.
Dejes de sentir miedo; salgas del closet.

Y te declares, -y/o se te declare-, oficialmente puta.