martes, agosto 25, 2009

Este edificio

Maldita sea la hora en que llegué a este edificio. Todos nos vemos con desconfianza, nadie te mira a los ojos y nos encerramos siempre bajo tres llaves.



Nada de lo que poseo es de valor, pero ellos no lo saben. Aquí sobran los extraños y nadie se escapa de ser sospechoso. Ya nadie confía en los demás.



Antes yo no era así, pero he perdido contacto con el exterior. Perdí mi empleo, mi chava me dejó por un güey con más lana, tuve que huir de mi casero por deberle tres meses de alquiler, y el poco dinero que tenía lo invertí en alquilar este cuchitril.



Nada fuera de lo común. Venderé mi coche y acabaré como mi padre: ofreciendo canciones en las cantinas, para al menos ganarme los tragos.



Dicen que tu origen también es tu destino. Y los dioses no escuchan los reclamos.