domingo, agosto 30, 2009

Me bebí tu sombra

Veinticuatro horas juntos fueron poco para mí. Y es que tu extensión en este momento es infinita. Cosas de los primeros días, de las primeras veces. Ahora mismo dueles tanto como los dulces que nunca me pude comer. Contigo veo que mi superficie es tan pobre que no alcanzo ni remotamente a darte las caricias que en tus ojos pican.

Pensé que la adolescencia no regresaría.

Pero debe ser bueno, y a lo mejor esta tibia brisa también puede descongelar un glaciar. Retomo la pluma: con el vexilo te hago cosquillas, con el cálamo te escribo. He pasado estas tardes enteras mirando por la ventana, la única de mi apartamento, con vistas a los tendales y ventanas de mis vecinos. La tibia brisa.

Y me vuelve la necesidad... de repasar mi corazón...

-------------
¿Dónde pongo lo hallado? ¿En las calles, los libros, la noche, los rostros en que te he buscado? ¿Dónde pongo lo hallado? En la tierra, en tu nombre, en la sangre, en el día en que al fin te he encontrado?
-------------

Veinticuatro horas juntos fueron demasiado poco para mí. Ahora tengo sólo tu imagen, que se confunde con mis sábanas, que se dispersa entre mis dedos. Me llega el olor de tu perfume, masaje para los sesos.

Y he pasado estas tardes enteras leyendo para tener algo que contarte cuando vengas por aquí. Estoy capacitándome para mi nuevo puesto. Y la pluma es candente.

Pero te cansarás, yo también lo sé. La escasez, el apremio que producirá tu vacío será adquirir la noción de menester. Y yo sólo tendré licencia para ser platónico.

Vulnerable, otra vez. No existirán las ventajas y los años dan vejez, nada más.

-------------
¿Qué hago ahora contigo? Las palomas que van a dormir a los parques ya no hablarán conmigo. ¿Qué haré entonces contigo? ¿Ahora que eres la luna, los libros, las noches, la brisa que es tan cálida conmigo?
-------------