martes, septiembre 01, 2009

La lucha

Ya no puedo engañarme más. He estudiado la anatomía de mis pensamientos. Me temo que sí que son lo que yo pensaba que eran. Hoy casi puedo asegurar que nada fue sin premeditación.

Mi mente nunca está en blanco. Todo el tiempo está maquinando algo. Sólo elucubraciones. Llevo más de treinta años esperando la aparición de algo de cacumen, o de algo bueno, innovador. Pero sólo tengo empeño. Un empeño del que estoy empezando a dudar si se trata de deseo o de disfraz. Es muy duro sentir que el camino que vas andando es incierto y no querer cambiarlo. Me asusta que quizá no pueda cambiarlo, aunque quiera. Me mortifica pensar que no tenga la capacidad de cambiarlo, y ni siquiera de andarlo. Pero avanzo a ciegas. Valor versus último recurso.

Mi personalidad se cimenta en hacer demagogia con mis reflexiones. Me empeño en venderme caro, pero soy como el mercadeo: puras cortinas de humo que velan un mingitorio público de ciudad rascuache. Y ni siquiera sabiéndolo lo diría abiertamente. ¿Para qué tentar al demonio de mis peores miedos? ¿Qué puertas permanecerían abiertas para mi trance? Cuando lo único que soy es mercadeo, lo único que me queda es seguir vendiéndome. A ver quién pica.

Si cada persona nació con un objetivo, el mío es sobrevivir. No por talento... simplemente es forma de ser. Eso si soy persona. Eso si soy ser.