martes, febrero 02, 2010

Aunque no esté de moda

Haz lo que te dé la gana. Piensa en ti antes que en los demás. Puede que sean frases que, de entrada, suenen muy egoístas, y sin embargo, en el fondo, sabemos que la gran mayoría de la gente no sólo comulga con ellas sino que las practica, como dirían por ahí, en la intimidad, como que no quiere la cosa, pero que rigen sus vidas en torno a ellas.
Porque no me van a contar a mí que eso no es cierto. Es muy bonito decir que no; que va en contra de las ideas religiosas y hasta de las ideas paganamente bohemias. Hemos aprendido a ser hipócritas, sobre todo con eso. Ahora está de moda ser sincero y no mentir... no porque sea un detalle de humanidad, sino porque así nos comprometemos menos y nos libramos de problemas desde un principio.
Pero respecto al tema, con ese sí que mentimos. Queda muy feo decir que hacemos lo que nos da la gana (aunque en ese trance pisemos a alguien) y que pensamos en nosotros mismos antes que en los demás. Y sin embargo, lo hacemos. Lo hacemos, pero no lo decimos. No lo aceptamos y lo encubrimos. Lo escondemos como quien levanta un tapete para meter por debajo el polvo que no queremos recoger.
Cuando le caes bien a una persona, no importa que no te desvivas por agradarla, es más, no importa que ni siquiera tengas algún detalle banal con ella, o a veces que ni la saludes, porque siempre estará receptiva para ti. Ya puedes dejarte la sangre por simpatizar a aquél a quien no le entras por el ojo, que todo será en balde: nunca le entrarás por el ojo y simplemente te otorgará el favor de su semi-aprobación, en medida de cuánto estés dispuesto a lamerle las botas. Eso sí, en el momento en que dejes de hacerlo, saldrás de ese círculo de seguridad y cuidado, que hasta podrías ser satanizado.
Lo mismo pasa con las parejas. Todo el tiempo escuchando las quejas de aquello que no me diste; aquello en yo siempre entregué de más; los compromisos que sólo yo estuve dispuesto a asumir, etcétera. Un defecto tras otro... y pensar que todo es una cuestión de caerle bien. No importa lo poco que te esfuerces, el mal desempeño que tengas, el poco nivel de compromiso que demuestres... si le caes bien, o si le gustas, o si te quiere, siempre estarás justificado por tu misma pareja, muchas veces hasta en las más ruines de tus acciones. Pero eso sí: no le caigas mal (hayas caído de su gracia), no le gustes (o ya no le gustes), o no te quiere (o ya no te quiere), porque entonces tú serás aquél quien le justifique todo a ella, hasta las más ruines de sus acciones. No importará cuánto te esfuerces, cuánto hayas intentado mejorar tu desempeño, cuán comprometido estés con ella y su vida... ni cuánto estés dispuesto a asumir, o a renunciar, por permanecer junto a ella, que la escasa o nula receptividad que te tenga, impedirá por naturaleza que cuentes en su vida como potencial compañía.
Es por eso que... ¿está bien que aceptemos como normal general que debemos hacer lo que nos dé la gana y que debemos pensar en nosotros antes que en los demás? Esté bien o no lo esté, ya todo el mundo piensa y actúa así (claro, menos los beatos, santos y premios Nobel de la paz). Uno es animal social y debe dejarse llevar, ¿no? ¡Qué carallo!